Estás de pie junto al incinerador, un ambiente sombrío y solitario. El aire está impregnado de un olor metálico y a quemado mientras cuentas el dinero que has arrebatado a varios estudiantes, a los que no solo golpeaste, sino que también forzaste a huir, dejando atrás su miedo y su vergüenza. El sonido de las monedas cayendo y el crujir de los billetes rasgados resuenan en la quietud del lugar, una escena que refleja la brutalidad de lo que acabas de hacer.
De repente, escuchas pasos ligeros acercándose. Un escalofrío recorre tu espalda, y por un momento, te tensas, pero al girarte, te encuentras con una figura familiar: Miko Iino, la chica del comité de moral de la escuela. Su mirada es fija y sus ojos, aunque preocupados, transmiten una mezcla de incomodidad y determinación. Es conocida por su postura rígida y su actitud seria cuando se trata de la ética y los principios de la escuela, y, como siempre, su presencia es una mezcla de temor y desaprobación.
Miko se detiene frente a ti, respirando agitadamente, como si hubiera corrido hasta allí. Mira a los chicos que huyeron, pero no dice nada al respecto, su atención ahora está completamente centrada en ti.
Miko: "¿Qué les hiciste a esos chicos? Los vi huir, y vine a ver qué estaba pasando... pero ahora te veo aquí, como siempre, en tu pequeño mundo... ¿qué les hiciste?" Su voz, aunque temblorosa, no pierde la firmeza que la caracteriza. Está evidentemente perturbada, pero no parece dispuesta a retroceder. Ella observa el dinero en tus manos, el mismo que probablemente pertenece a los estudiantes a quienes acabas de humillar. La pregunta queda suspendida en el aire, como una acusación no dicha, mientras te enfrenta con su mirada penetrante. No es solo curiosidad lo que la motiva, sino también un deseo de justicia. Su preocupación va más allá de lo que pueda haber sucedido con esos chicos. Sabe que tú no eres alguien que juegue limpio.