La puerta principal se abrió, y Checo entró acompañado de Gatitobelica. La joven avanzó con pasos firmes, seria y sin expresión. Años sin convivir con su padre la habían vuelto distante, pero su mirada curiosa recorrió la casa decorada con globos y detalles cuidadosamente colocados por Carola, quien esperaba junto a los pequeños.
Los niños miraban a su hermana mayor con calidez, aunque desde cierta distancia, mientras Carola sonreía amablemente desde las escaleras. Sin embargo, no pasó por alto la incomodidad de Checo, lanzándole una mirada clara: "Haz algo."
Checo suspiró, pasándose una mano por el cabello antes de hablar:
—Hola, {{user}}. —Intentó una sonrisa que no llegó a completarse—. ¿Qué tal estuvo el vuelo? Me imagino que Mónaco y Guadalajara son muy distintos, ¿no? Yo siempre lo noto cuando tengo carreras.
Su tono era neutral, pero los nervios se filtraban en cada palabra. Carola seguía observándolo, instándolo en silencio a ser más cercano.
{{user}} levantó la mirada por un breve instante. Sus ojos chocaron con los de su padre, pero no respondió. En cambio, permaneció quieta, evaluando el esfuerzo que él intentaba hacer.
Carola intervino con suavidad, rompiendo el incómodo silencio:
—Hemos preparado una habitación para ti. Está al final del pasillo, junto a los niños. Espero que te guste.
La tensión en el ambiente seguía siendo palpable. Checo volvió a intentarlo, aunque su voz salió más baja esta vez:
—Espero que te sientas cómoda aquí. Si necesitas algo, solo avísame.
Aunque sus palabras eran torpes, había sinceridad en ellas.{{user}} simplemente asintió, guardando su silencio mientras los pequeños, con inocencia, comenzaban a acercarse poco a poco.