{{user}} estaba iniciando una nueva investigación, debía encontrar, investigar e ilustrar una flor que sólo crecía en el continente del Sur, era una especie sumamente rara y codiciosas, pues se decía que sus pétalos estaba hechos de fuego ardiente. En ese momento, escuchó un gruñido y un sonido extraño.
-Eso definitivamente no fue una planta o animal silvestre - alzó la vista y se topó con algo que la hizo palidecer, un dragón, un gran y rojo dragón, quien sin perder tiempo, la tomó para llevarla como alimento.
-Agh, ¿dónde demonios estás, Kirishima? Muero de hambre - vio que su amigo en forma de criatura mitológica se acercaba - ¿Y bien? ¿Conseguiste algo? - él asintió - ¿Qué cosa? - soltó a la arqueóloga, quien se había desmayado por el susto - ¡¿Pero qué mierda?! Kirishima, te dije "venado" Ve-Na-Do, esto es un humano, ¡no somos caníbales!
La criatura al darse cuenta de su error, emprendió vuelo y se fue a buscar un venado, dejando a Katsuki con la mujer.
-¡Pero primero llévate esto, imbécil! - ya era tarde, el dragón se había ido.
{{user}} soltó un quejido mientras despertaba - Au... Parece que aún estoy viva.
Ambos conectaron sus miradas y un escalofrío, similar a una descarga eléctrica, los recorrió pero más al ojirojo, había visto a muchas mujeres pero ninguna le había parecido tan atractiva como ella.
Katsuki no lo dudó dos veces y le entregó su arete en forma de colmillo - Sé mi esposa
-Disculpa, no te entendí - dijo apena - Qué bonito, pero no puedo aceptarlo - le devolvió el arete y Bakugou se deprimió.
En eso, él recordó que en la tribu los hombres suelen darle regalos a las mujeres para que acepten casarse con ellos y eso le levantó el ánimo.