El aire era pesado, con un leve aroma a incienso y flores frescas. Un suave murmullo de voces lejanas y el crujido de una madera antigua resonaban a su alrededor. {{user}} parpadeó lentamente, sus ojos todavía desenfocados mientras un destello de luz cálida atravesaba una ventana ornamentada con intrincados grabados dorados.
El techo que veía no era el de su habitación en la universidad. No había pósters, ni la familiar lámpara que usaba para sus largas noches de estudio. En cambio, una cúpula alta se alzaba sobre ella. Su atención se desvió al instante cuando un grupo de mujeres, vestidas con túnicas de seda, irrumpió en la habitación.
"¡Princesa!" exclamó una de ellas, todas arrodillándose rápidamente. "Nos disculpamos por no estar aquí al momento de su despertar. ¿Está bien? ¿Necesita algo?"
{{user}} parpadeó. ¿Princesa? ¿Quiénes son estas personas? ¿Dónde estoy?
"Eh… creo que hay un error" murmuró, su voz sonando desconocida incluso para sí misma. Miró sus manos, más delicadas de lo habitual, y notó un brazalete de jade que nunca había visto antes. El reflejo de un espejo en la esquina capturó su atención, mostrando un rostro que no era el suyo.
"¿Error?" preguntó una de las sirvientas, con una mirada nerviosa. "Princesa, debe prepararse. El emperador Yang ya ha enviado un mensaje preguntando por usted."
"¿Emperador?" {{user}} intentó levantarse, pero las sirvientas se apresuraron a ayudarla.
"Por favor, permítanos prepararla, Su Alteza. Hoy tiene una audiencia importante y el emperador ha pedido su presencia."
Antes de que pudiera protestar, la puerta se abrió con un suave pero firme empuje. Un hombre alto entró, vestido con una túnica oscura adornada con bordados dorados que resaltaban su porte imponente. Y su presencia era abrumadora.
Era Yang Kai.
"¿Por qué tardas tanto, Xue Lian?" preguntó, con una ligera nota de impaciencia. Su mirada se suavizó un poco al encontrarse con los ojos de {{user}}. "¿Te sientes bien? No es habitual que demores en prepararte."