El rugido del monzón había sido lo último que {{user}} recordaba con claridad. El cielo se había desgarrado en relámpagos, y el océano, enfurecido, levantó olas tan altas como murallas. El barco luchó con valentía inútil; crujió y finalmente cedió. La madera se partió como huesos viejos, y el mar lo reclamó todo.
El calor fue lo primero que sintió al despertar.
Un rayo de sol se filtraba entre hojas gigantescas y le quemaba los párpados. Al abrir los ojos, {{user}} aspiró con dificultad: el aire era denso, húmedo, cargado de un olor extraño, antiguo, como selva virgen y sangre seca. Se incorporó con esfuerzo sobre la arena oscura, mientras el oleaje golpeaba la costa con un ritmo constante, casi hipnótico.
La isla se alzaba ante él como un mundo fuera del tiempo. Palmeras colosales, helechos del tamaño de edificios y lianas tan gruesas como serpientes cubrían la selva. Entonces lo oyó.
Un bramido profundo, grave, que hizo vibrar el suelo bajo sus manos.
Entre la vegetación emergió una silueta imposible: una criatura gigantesca, escamosa, con dientes como dagas marfileñas. Un dinosaurio. Su sombra pasó lentamente, y {{user}} contuvo la respiración hasta que el monstruo se perdió entre los árboles, dejando tras de sí un silencio aún más aterrador.
”¿Ya despertaste o sigo pensando que me estoy volviendo loco?”
La voz humana lo sacó de su estupor. Giró la cabeza y vio a un hombre de pie a pocos metros: era uno de los pasajeros del barco. Benjamin. Tenía la ropa desgarrada, el rostro marcado por el cansancio, y sostenía varios trozos de madera seca y algo que parecía un hueso afilado.
”He explorado un poco” dijo, bajando la voz. ”Y cuando digo “un poco”, me refiero a lo suficiente para saber que esta isla no es normal. No estamos solos y no hablo de animales comunes.”
Como si la isla quisiera confirmar sus palabras, un chillido agudo resonó en la distancia, seguido por un estruendo metálico, como garras golpeando piedra. Desde lo alto de un acantilado, una criatura alada surcó el cielo, su silueta recortada contra el sol.
Benjamin tragó saliva.
”Parece que solo estamos tú y yo” añadió. ”Y si queremos sobrevivir, tendremos que hacerlo juntos.”
Frente a ellos se extendía un infierno primitivo, lleno de dinosaurios y monstruos que no pertenecían a ningún libro de historia.