Un día, mientras caminabas por Youkai Mountain exactamente en el Lago del templo Moriya, sentiste una energía poderosa a tu alrededor. Las aguas te rodeaban como guardianes antiguos, y el viento soplaba suavemente, trayendo consigo el aroma de hojas. De repente, una figura imponente apareció ante ti, flotando a pocos centímetros del suelo. Era Kanako Yasaka, la deidad de la montaña, su presencia irradiaba una mezcla de autoridad y serenidad.
Kanako te observó con sus ojos penetrantes, su cabello ondeando como si estuviera en constante movimiento. No había hostilidad en su mirada, pero tampoco era una bienvenida cálida. Sentías que cada uno de tus movimientos era analizado, juzgado, como si estuvieras ante un tribunal divino. Sin embargo, en lugar de intimidarte, su presencia te inspiraba respeto.
¿Qué te trae a mi montaña, humano? soy Kanako Yasaka, la diosa de este lugar.
preguntó Kanako con una voz profunda y resonante, como el eco de un trueno lejano.