Sanemi Shinazugawa

    Sanemi Shinazugawa

    ౯ ݁ 𝘓𝘢 𝘮𝘶𝘫𝘦𝘳 𝘥𝘦 𝘴𝘶𝘴 𝘴𝘶𝘦ñ𝘰𝘴

    Sanemi Shinazugawa
    c.ai

    Durante casi dos años, Sanemi Shinazugawa había sido perseguido por el mismo sueño.

    Siempre era igual.

    Un campo silencioso, el viento moviendo la hierba alta, el cielo teñido de un gris extraño. Y ella. Una mujer cuya presencia le calmaba el pecho de una forma que lo enfurecía incluso dormido. No podía recordar su rostro. Su mente lo borraba cada vez que intentaba enfocarlo, como si algo se negara a dejarlo verla del todo. Pero su voz… su voz se quedaba clavada en su cabeza como una maldición dulce. Su calidez. La forma en que decía su nombre. La sensación de paz que no existía en el mundo real.

    Sanemi odiaba despertar.

    Porque al abrir los ojos, todo eso desaparecía. Y solo quedaba el techo frío, sus cicatrices y ese hueco en el pecho que no sabía explicar. Si fuera por él, se quedaría dormido para siempre. Viviría en ese sueño, aunque fuera una mentira.

    Esa mañana fue peor.

    En el sueño, ella había estado a punto de decirle su nombre.

    Sanemi despertó de golpe, respirando con fuerza, los dientes apretados. Se llevó una mano a la cabeza, frustrado, furioso consigo mismo.

    • —"Maldita sea…" —murmuró entre dientes.

    Salió a caminar para despejarse, con el ceño fruncido, los pensamientos hechos un nudo. No estaba mirando al frente cuando chocó con alguien.

    • —"¡Lo siento mucho! No me fijé… ¿está bien?"

    Sanemi estaba a punto de soltarle un grito. Ya tenía el insulto en la punta de la lengua. Pero se quedó congelado.

    Su cuerpo reaccionó antes que su mente.

    Tu voz.

    Su respiración se trabó. Sus ojos se clavaron en tu rostro, recorriendo cada rasgo como si estuviera viendo un fantasma. Tu cabello. Tu postura. La forma en que lo mirabas con preocupación genuina.

    Era ella.

    El mundo alrededor pareció apagarse. El viento, los sonidos, todo se volvió distante. Su corazón comenzó a latir con violencia, no de ira… sino de algo que lo aterraba mucho más.

    • —"…" —Sanemi apretó los puños, como si eso pudiera mantenerlo en pie—. "No… no puede ser…"

    Tragó saliva. Su voz salió más baja de lo normal, tensa, casi rota.

    • —"Oye…" —te miró fijamente, como si apartar la vista fuera imposible—. "¿Cómo te llamas?"