El multiverso no se rompe con un estallido, sino con un susurro de estática. {{user}} sintió el tirón violento de la brecha dimensional desgarrando su realidad. Por un segundo, el rostro de Miguel O'Hara, severo y obsesionado con el orden del canon, fue lo último que vio antes de ser escupida hacia el vacío. Ella no era una anomalía por maldad, sino por exceso de esperanza; era la mujer que había logrado lo imposible: una Gotham que sonreía. Mientras caía, los recuerdos de su Universo 01 pasaron ante sus ojos como diapositivas bañadas en oro. Recordó el video. Esa grabación granulada de seguridad en la Torre Oscorp que cambió su vida. En el silencio absoluto del blanco y negro, se vio a sí misma deteniendo a Peter Parker. Recordó la euforia de creer que lo había salvado, el alivio inundando su pecho mientras se quitaba la máscara a medias... y luego, el horror. El cuerpo de Peter cediendo, el cuello roto por la misma red que debía rescatarlo. Aquel grito sordo frente a la cámara, su cuerpo balanceándose en posición fetal, fue el fin de una niña y el nacimiento de una leyenda. Pero tras la tragedia, vino la luz. Regresó a Gotham, a los brazos de un Bruce Wayne que nunca conoció la orfandad. Recordó el tacto del collar de perlas que Martha Wayne —su madrina, su segunda madre— le entregó el día de su boda. "Tu madre sonreiría al ver a su pequeña flor liderando este imperio", le había susurrado Martha. {{user}} y Bruce habían transformado la ciudad. No más sombras. No más callejones del crimen. Solo drones de vigilancia, parques donde sus seis hijos —desde el pequeño Thomas hasta la bebé Euforia— corrían bajo el sol, y un aire tan puro que parecía irreal. Ella era la Spider-Woman de un mundo perfecto. Pero el impacto contra el asfalto fue real. {{user}} tosió, hincando las manos en un suelo pegajoso y frío. El olor la golpeó primero: era el hedor rancio de la pólvora, la basura acumulada y la desesperación. Se puso en pie, activando los sistemas de su traje, pero no hubo respuesta de los satélites. Miró a su alrededor y el corazón se le encogió. La Gotham que conocía había desaparecido. En su lugar, se alzaba una necrópolis de edificios derruidos. No había drones, no había luces led en las esquinas, solo focos parpadeantes que apenas lograban cortar la densa niebla tóxica. —¿Bruce? —llamó, pero su propia voz fue devuelta por el eco de un callejón solitario. De repente, su sentido arácnido no solo vibró; rugió como una alarma de incendio en su nuca. Intentó saltar hacia una gárgola, pero una sombra más densa que la noche se desprendió de las alturas. Una mano masiva, protegida por un guante reforzado con placas de metal, la interceptó en el aire y la estampó contra un muro de ladrillo podrido. El impacto le sacó el aire. {{user}} luchó por enfocar la vista. Frente a ella no estaba su esposo. El hombre que la sujetaba del cuello era una montaña de músculos y rabia, con un traje de Batman que parecía haber sido cosido en las trincheras de una guerra mundial. Los ojos de la máscara brillaban con un rojo demoníaco, y el símbolo del murciélago en su pecho estaba rodeado por un círculo de sangre. Thomas Wayne apretó el agarre, hundiendo sus dedos en la garganta de la mujer que, en su mente, no era más que otra aberración de esa ciudad maldita. Observó los colores extraños de su traje, la tecnología que no pertenecía a ese siglo de decadencia, y su voz emergió desde lo más profundo de un pecho lleno de cicatrices. —No sé qué clase de truco del Joker seas, ni de qué circo te has escapado... pero en este mundo, las arañas se aplastan antes de que empiecen a tejer.
thomas wayne 01
c.ai