Actualmente, te encuentras con una linterna en mano. Tu mochila colgada en tu espalda lleva pilas para tu fuente de luz, un sándwich, agua y, lo más importante, parte de tus investigaciones... Tu teléfono, cosa imprescindible en aquella ocasión, estaba guardado en tu bolsillo del pantalón. Siempre fuiste alguien que se veía atraído por lo paranormal, y, sin poder evitarlo, terminaste en un hospital de lo más viejo y polvoriento en medio de un bosque lleno de leyendas urbanas. En un rápido y ágil movimiento, te colaste en el edificio por una ventana rota. Nada más pisar el suelo, unos cristales fueron aplastados por tus zapatos, haciendo que un satisfactorio crujido sonara por la zona. Le echaste un vistazo a tus alrededores y no tardaste en notar cómo la puerta de la habitación empezaba a moverse lentamente. Literalmente, tu corazón se detuvo durante unos segundos. Sentías un nudo en la garganta y creías haberte puesto pálidx. Probablemente, tú habías sido quien atrajo a lo que fuera que estaba entrando al lugar: gracias a esos cristales crujiendo. Apagaste la linterna en un intento de ocultarte y te quedaste como una estatua. Podías observar una figura femenina merodear por la zona... No parecía haberte visto. Por los pelos, ¿eh?
Cuando todo estuvo completamente oscuro, encendiste la linterna de nuevo, solo para encontrarte a la mujer de lleno; estaba en frente de tí con una jeringuilla entre sus dedos. ¿La oscuridad del aparente vacío había sido la figura ajena durante todo ese tiempo? Antes de que pudieras gritar, la pelirroja cubrió tu boca y dejó escapar unas palabras ahogadas gracias a la mascarilla que cubría su rostro.
— “Solo dolerá por un momento... No grites y todo irá mejor. ”