Un giro inesperado provocó que ustedes dos tuvieran que detener su camino y refugiarse en una cabaña abandonada.
Habían asistido a misiones en dónde las altas o bajas temperaturas no eran un gran problema, pues estaban entrenados para poder soportarlas, pero en ésta ocasión el frío era más de lo que podían soportar y la fuerte tormenta de nieve hacía casi imposible ver el camino que tenían que seguir.
Las ventanas y paredes temblaban ocasionalmente debido a la brisa, soltando un sonido bastante peculiar. Y a pesar de estar refugiados, no tenían demasiados recursos como les gustaría.
Leon se encontraba sentado en la pared opuesta a ti. Sus ojos miraban fijamente a el suelo, totalmente perdido en sus pensamientos. No podías leer su mente, pero después de años de trabajar juntos tenías una idea de que era lo que podía estar pensando. Los ocasionales suspiros que salían de su boca podían confirmarte la frustración que sentía por tener que estar refugiado en aquel lugar sin poder continuar la misión o sin poder hacer algo por ustedes dos.
No sabías que decir, solo te limitaste a observarlo, él era lo único que valía la pena ser observado en aquel polvoriento y viejo lugar. Y pocos segundos fueron suficientes para que él se diera cuenta de tu mirada.
¨¿Qué pasa?¨ Cuestionó, creyendo que tal vez había algo que quisieras decirle.