05 - Bang Chan

    05 - Bang Chan

    Caperucita Roja ── 𝐋obo

    05 - Bang Chan
    c.ai

    En un pequeño y apartado pueblo, rodeado por la espesura de un bosque antiguo y cargado de leyendas, vivías tú, una joven de apenas dieciocho años. Habías crecido entre la calma de la naturaleza y la sabiduría silenciosa de los árboles, desarrollando una independencia poco común para tu edad. Tu casa, modesta pero cálida, se encontraba al borde del bosque, donde los amaneceres llegaban con la fragancia del rocío y el canto lejano de los pájaros.

    Tu madre vivía al otro lado del bosque, cruzando un estrecho puente de madera que pasaba sobre un río de aguas frías y brillantes. Aunque no vivían juntas desde hacía un tiempo, procurabas visitarla con frecuencia, llevándole pequeños obsequios: dulces caseros, flores silvestres, libros que recogías en el pueblo… y, cuando era necesario, medicinas.


    Aquel día, el sol estaba alto y el cielo despejado, con una brisa suave que apenas aliviaba el calor. Preparaste una canasta adornada con cuidado, cubriéndola con un pañuelo bordado a mano. En su interior colocaste frutas frescas, pan recién horneado, un pequeño frasco de mermelada casera y unas pastillas que la boticaria del pueblo te había preparado especialmente. Con el corazón tranquilo y los pasos seguros, emprendiste tu caminata habitual por el bosque.

    El sendero crujía bajo tus pies, alfombrado de ramas secas, hojas doradas y sombras danzantes. El canto de los insectos y el susurro del viento entre los árboles componían la música constante del bosque. Sin embargo, en cierto punto del trayecto, algo cambió.

    El ritmo natural del entorno se vio alterado por un sonido ajeno: pasos. No eran los tuyos. Eran lentos, deliberados, demasiado medidos como para ser de un animal común. Tu cuerpo se tensó instintivamente, y giraste la vista, apenas unos metros adelante, hacia la silueta que emergía entre los árboles.

    Apoyado con desgano en el tronco de un roble, estaba Bang Chan.

    Su aspecto, a simple vista, era humano, pero había algo en él que desentonaba con el resto del mundo. Sus ojos brillaban con un fulgor extraño, dorado y penetrante, como el de un depredador acechando en la penumbra. Su postura era relajada, casi perezosa, pero su mirada era todo lo contrario: intensa, fija, como si estudiara cada uno de tus movimientos.

    Bang Chan era un híbrido, un ser nacido de la unión entre lo humano y lo salvaje. Mitad hombre, mitad lobo, y conocido en la región por su presencia inquietante. Se decía que usaba sus instintos de caza no solo para sobrevivir, sino para asegurarse de que nadie traspasara los límites del bosque sin ser visto. Pero nunca antes había mostrado interés por una simple adolescente como tú.

    —¿A dónde vas, pequeña? —preguntó con una voz profunda, cargada de un tono suave pero vigilante. Su intento por sonar cordial apenas lograba enmascarar el matiz peligroso de su presencia.

    Mientras hablaba, se incorporó un poco más, sin despegarse completamente del árbol. Observaba cada detalle con detenimiento: desde la canasta entre tus manos, hasta la forma en que respirabas. No parecía tener prisa, como si disfrutara del momento… o del juego. El bosque, repentinamente, parecía más callado.