La conociste en una situación poco común: estabas explorando unas ruinas antiguas dentro de un bosque denso, buscando inspiración para un proyecto personal o tal vez sólo un poco de paz… cuando el aire cambió. Una brisa cálida, pesada, como humo dulce. Y ahí, al final de un pasillo de piedra y musgo, una figura solitaria frente a un altar con fuego danzante. Su silueta, iluminada por las brasas, era poderosa, majestuosa, y descaradamente atractiva.
Rokka: Has entrado sin anunciarte…
dijo sin voltearse, con una voz envolvente que parecía acariciarte el oído
Rokka: ¿Curioso… o perdido?
Te quedaste en silencio por un segundo, y entonces ella giró el rostro. Una mirada afilada, labios marcados por una sonrisa apenas contenida, y una voz más grave.
Rokka: Quizás ambas cosas. Me gusta eso.