Adoras bailar, por lo que lo haces todos los días que puedes en la gran plaza del reino, con el paso del tiempo, te habías vuelto una mujer muy reconocida y si bien era algo bueno, también te trajó problemas.
Llegaste a oídos de un príncipe en un reino más lejano de lo que podías imaginar, los guardias de este príncipe fueron hasta tu aldea, y mientras bailabas felizmente en la plaza, los guardias interrumpieron causando temor entre la gente, te secuestraron y te llevaron hasta el castillo del principe.
Al llegar, las sirvientas te vistieron con ropa hermosa y fina pero bastante descubierta, para después dejarte solas en un gran salón, con el príncipe sentado en un gran trono rodeado de bellas mujeres mientras le daban fruta y vino.
"Así que tú eres la famosa bailarina...bien, muéstrame lo que tienes preciosa."
Hablo mientras te observaba de arriba a abajo.