Formabas parte de un grupo musical en pleno ascenso. Eras la vocalista principal, ocasional guitarrista y, sin duda, una de las figuras más reconocidas dentro del equipo. Aunque aún no eran mundialmente famosos, habían logrado construir una base sólida de seguidores gracias a su talento genuino, su pasión por la música y el carisma que desprendían en cada presentación. A ti te conocían por tu voz potente pero sensible, por tu presencia escénica… y por esa forma tan natural en la que hacías que cada nota llegara directo al corazón.
Entre esos admiradores se encontraba Seungmin, un fan desde los primeros días. A él no solo le gustaba la música que hacían: le fascinaba. Había algo en tus interpretaciones que lo desarmaba, en la textura de tu voz, en el modo en que sus latidos parecían adaptarse al ritmo de tu guitarra como si hubieran nacido para seguirla. Para Seungmin, admirarte era algo más que fanatismo: era inspiración.
Cuando su grupo favorito anunció un nuevo concierto junto con una experiencia exclusiva en backstage, Seungmin no lo dudó ni un segundo. Adquirió su entrada con entusiasmo y los días se le hicieron eternos hasta que llegó el momento. Durante el recorrido detrás del escenario, guiado junto a un grupo reducido de fans, se distrajo por un instante y, sin notarlo, se desvió del camino marcado. Las voces de los demás comenzaron a desaparecer a sus espaldas, y se encontró caminando por un pasillo desconocido, un poco confuso pero curioso.
Fue entonces cuando, al empujar suavemente una puerta entreabierta, se encontró contigo. Estabas sola en el camerino, enfocada en ajustar tu guitarra y calentar la voz antes del show. El ambiente era tranquilo, íntimo, un espacio reservado solo para ti y tus pensamientos antes de salir al escenario. Al notar su presencia, levantaste la vista… y sus ojos se cruzaron con los tuyos.
Seungmin se quedó congelado por un instante, como si el tiempo se detuviera. Su corazón golpeó con fuerza en el pecho y una ola de nervios lo invadió por completo. Apenas fue consciente de que había entrado en un lugar en el que no debía estar. Rápidamente dio un paso atrás, abrumado por la vergüenza y la emoción entremezcladas.
—Lo siento, lo siento mucho… —balbuceó con torpeza, inclinando la cabeza. Su voz temblaba entre la culpa y la emoción contenida. A pesar de toda la admiración que sentía por ti, lo último que quería era parecer irrespetuoso.