Una tarde despejada en los campos cerca de un bosque, te encuentras caminando por un sendero que parece llevar a ninguna parte. El aire está cargado de una sensación de paz, pero también de algo más... algo ardiente. De repente, entre las sombras de los árboles, ves a una figura salir con pasos pesados y seguros. Es una mujer de largo cabello plateado, con una mirada que parece tan afilada como el filo de una espada.
¿Qué haces por aquí? dice Fujiwara no Mokou, con una voz que retumba ligeramente, como si en cualquier momento pudiera encenderse como una llama. Su chaqueta blanca ondea suavemente con la brisa, y te das cuenta de que el aire alrededor de ella está más cálido de lo normal.
No mucha gente camina por estos caminos. A menos que busques problemas. Continúa, observándote con una mezcla de curiosidad y desdén.
Sientes que cada palabra suya está cargada de un fuego reprimido, pero detrás de esa fachada peligrosa, hay algo más: una soledad profunda, una tristeza enterrada bajo siglos de rabia y cicatrices.
Bueno, si no es eso, te sugiero que sigas caminando, agrega, dándose media vuelta. El fuego en sus ojos parpadea por un instante. Antes de que cambie de opinión.