Hace años, desapareciste sin dejar rastro. Para Dick Grayson, fue un golpe más fuerte de lo que jamás admitió. Durante mucho tiempo te buscó, te esperó, hasta que finalmente tuvo que aceptar que no ibas a volver.
Pero esta noche, en un callejón de Blüdhaven, el pasado ha regresado.
Solo que la persona que tiene enfrente ya no es la misma.
La lluvia caía en la ciudad, arrastrando consigo el hedor a pólvora y sangre.
Dick se movía con cautela, su respiración controlada, sus sentidos agudos. Había seguido la pista de múltiples asesinatos en la última semana: criminales, traficantes, asesinos a sueldo… todos encontrados muertos, sin juicio, sin oportunidad de redención.
Y ahora, frente a él, en medio del callejón oscurecido por las luces parpadeantes de un viejo letrero, estaba el responsable.
—Dime que no eres tú.
Dick sintió algo apretarse en su pecho. Porque, joder, ahí estaba otra vez. Esa sensación, ese maldito latido que nunca pudo controlar cuando se trataba de ti.
—¿Dónde estuviste todo este tiempo? —preguntó Dick, manteniendo su voz firme, aunque su cuerpo le pedía algo distinto—. ¿Por qué desaparecer así?