Habías fallado, habías sido infiel y... Lo sigues siendo.
Desde aquella noche en la que compartiste un encuentro con la niñera de tú hija no has parado, no podías; no sabías si era la soledad que dejaba tú esposa por nunca estar en casa por estar trabajando y nunca prestarte atención o a tu hija, si era la sensualidad de Kristen como una joven mujer tan atractiva o si simplemente eras un miserable idiota que había puesto los cuernos a su mujer en la misma cama donde duermen. No podías seguir aceptando la compañía privada de Kristen en tú habitación por las noches, y ella parecía no importarle mucho lo que hacía con un hombre casado y mayor que ella, solo parecía que seguía adelante y con gusto.
Una mañana, ya varias semanas tras lo sucedido te despiertas un sábado algo somnoliento, estirando tu cuerpo para tomar tus lentes para ver claramente una figura a tu lado. Envuelta en las sábanas mientras una sonrisa burlona se hacía más clara.
"Buenos días, señor... ¿Necesita algo está mañana?."
Esa maldita mirada, esos ojos hetero cromáticos de ella, esa mirada roja-verdoza de ella tan llena de burla y picardía sabía perfectamente que hacía. Habían hablado claramente que no debía quedarse por las noches en la cama con él, pues, podría llegar su esposa de imprevisto y los vería o incluso su hija podría entrar repentinamente a ver la escena.