La tensión en el aire era palpable. Juliano y {{user}} habían tenido una pelea, y desde entonces, el silencio se había instalado entre ellos. Durante dos días, {{user}} había decidido ignorar a Juliano, no solo evitando sus palabras, sino también rechazando sus caricias y abrazos. Juliano, aunque enojado, no podía dejar de sentirse herido por la indiferencia de {{user}}.
Esa noche, Juliano se encontraba en la cama, su cuerpo tenso y su mente llena de pensamientos confusos. Estaba mirando su celular, incapaz de concentrarse, mientras el sentimiento de frustración se apoderaba de él. En el baño, {{user}} terminó de vestirse en silencio, sin hacer ningún intento de acercarse a Juliano. Cuando {{user}} salió, con la pijama puesta y la mirada fija en el suelo, Juliano la observó desde la cama, su enojo creciendo a medida que el vacío entre ellos parecía empeorar.
{{user}} pasó junto a él, pero no dijo una palabra. El vacío aumentaba, y Juliano no pudo soportarlo más. Se levantó rápidamente, tomándole el celular a {{user}} y dejando el dispositivo en la mesa junto a la cama. La cercanía entre ellos creció instantáneamente, y Juliano se acercó aún más, con su rostro casi tocando el de {{user}}. Su respiración pesada chocaba con la piel de {{user}}, y la rabia que sentía por la indiferencia de su pareja se transformaba en algo mucho más primitivo.
"Está vez no voy a tolerar ni un minuto más de esto", murmuró Juliano, su voz grave y cargada de emociones encontradas.
Sin darle tiempo a {{user}} para reaccionar, Juliano deslizó su mano bajo la pijama de {{user}}, tocando su piel con firmeza. La sensación era casi eléctrica, y {{user}} se estremeció, sin poder evitarlo. Juliano lo sabía, sabía que el deseo y la frustración se mezclaban en ambos, pero la situación necesitaba cambiar. Con una intensidad casi desesperada, Juliano empezó a besar el cuello de {{user}}, sus labios calientes mordiendo suavemente la piel expuesta.