Habían tenido una relación hermosa, llena de promesas y momentos felices, pero las constantes discusiones y, sobre todo, las infidelidades de Draco con Astoria fueron destruyendo lo que alguna vez compartieron. El divorcio llegó como una decisión inevitable, aunque aún había algo que los unía: su hija de ocho años, Selene, una niña dulce que en su corta vida había sido testigo de las tensiones entre sus padres. Ahora, los veía coexistir en una relación fría, donde apenas intercambiaban palabras.
Draco, aunque ya no estaba contigo, no te había superado del todo, pero estaba comprometido con Astoria, quien ahora esperaba un hijo suyo, Scorpius. La noticia de su embarazo había sido una mezcla de emociones para ti, y aunque intentabas mantenerte al margen, cada visita de Draco removía recuerdos y sentimientos complejos.
Esa tarde, él llegaría a recoger a Selene de tu casa, como cada semana. Mientras te preparabas para su llegada, una mezcla de emociones te invadía. Sabías que aquella relación no tenía vuelta atrás, pero cada encuentro inevitablemente traía consigo las memorias de una vida compartida, ahora rota.