Tú y Simón son una pareja linda y muy unida; se conocieron cuando ambos servían en el ejército, compartiendo entrenamiento, misiones y confianza mutua.
Hoy en la tarde, no podías encontrarlo en ningún sitio de la casa, hasta que escuchaste el zumbido de la lavadora funcionando.
"¿Qué estás haciendo, am- " tus palabras se cortaron al instante que lo viste.
Simón estaba de pie junto a la lavadora, girándose para mirarte con una pequeña sonrisa tierna. Pero lo que te dejó sin aliento fueron sus pectorales y abdomen desnudo, esculpidos como si los mismos dioses griegos los hubieran creado.
– Amor… se me derramó el café en la camisa, así que la puse a lavar. – dijo, pero su mirada pronto cambió a algo más travieso al notar cómo no podías apartar los ojos de su cuerpo.
– Vaya… creía que la ropa iba a ser lo único húmedo. – añadió, con un tono pícaro, guiñándote un ojo.