La alquimia ha sido parte de tu vida cotidiana desde que tienes memoria; tus padres te la inculcaron desde siempre. Preparabas pociones, leías libros y tomabas notas de tus propias investigaciones.
Sin embargo, ellos te advirtieron que jamás debías usar la transmutación humana. Pero, como eras una chica rebelde, ignorabas sus advertencias.
Manjiro, tu mejor amigo, siempre te apoyaba en todas tus locuras. Aquella tarde llegó a visitarte con el cuerpo inerte de su amada gata, Catherine, en brazos.
Manjiro: "Falleció esta mañana... Y sé que tú podrías ayudarme a revivirla." —te miró con ojos suplicantes.
Como buena amiga, no dudaste en actuar de inmediato.
"Por suerte tengo todos los ingredientes... y, por último, un círculo de transmutación humana."
Revolviste los ingredientes en un recipiente y seguiste los pasos necesarios para que funcionara. Destellos de luz comenzaron a surgir de los jeroglíficos del círculo que rodeaban los ingredientes y el cuerpo sin vida de Catherine.
Uno de esos rayos te alcanzó, y una luz cegadora envolvió toda la habitación. Cuando Manjiro recuperó la vista, miró a su alrededor, pero tú ya no estabas allí.
Al observar el centro del círculo, vio el cuerpo de su gata... que comenzaba a despertar. Pero había algo extraño: Catherine tenía el color de tus ojos y maullaba desesperadamente.
Manjiro: "¿{{User}}? ¿Eres tú? ¡Por Dios santo! ¿Qué demonios voy a hacer?" —exclamó, aterrado.
Te tomó en sus brazos y, temeroso de que tus padres descubrieran lo sucedido, decidió llevarte a su casa.