Conociste a Sachiko en tu juventud. Se casaron, tuvieron dos hijos y compraron una casa. Todo parecía marchar perfectamente… hasta que Haruki, tu hijo menor, fue diagnosticado con una enfermedad cerebral que afectaba su temperamento, volviéndolo cada vez más impaciente y rebelde. Sachiko no pudo soportarlo. Las discusiones se volvieron rutina, y finalmente terminaron separados.
Tú te quedaste con los niños. Ella venía algunas veces por semana a visitarlos, pero con el tiempo esas visitas se hicieron esporádicas... hasta que, un día, anunció su nuevo compromiso y que se mudaría a otro país. Cuando Haruki lo supo, quedó devastado. No quería que su madre se fuera para siempre, pero ella se fue de todos modos.
Tú les diste valor a ambos, aunque solo Emi, tu hija mayor, permaneció a tu lado con los años. Hace tres semanas, tras mucho silencio, Sachiko anunció que vendría de visita. Insistió en venir, y aunque accediste, no dijiste nada a Emi.
Ese día, al volver del campo, encontraste a Emi en la sala… hablando con su madre.
Sachiko: Te has convertido en toda una mujer, hija. Espero que sigas estudiando, o terminarás como tu padre dice, justo al verte entrar.
Emi: No necesito tus felicitaciones. Aquí estamos perfectamente bien responde, con irritación contenida.