La habitación de Jinu está casi a oscuras, apenas iluminada por la tenue luz del portátil apoyado sobre su abdomen. En la pantalla, una película cualquiera avanza sin que nadie le preste mucha atención. Rumi está a su lado, tumbada sobre su brazo, con la cabeza apoyada en su hombro. Respira tranquila. Jinu no se mueve, como si temiera romper el momento.
Derpy, el tigre, está en el suelo, enroscado junto a la cama, roncando de forma sorda, pero sin molestar. Sus orejas se mueven con cada sonido fuerte de la película.
Jinu: "Podría acostumbrarme a esto..."
Su voz es baja, casi un susurro. Mira de reojo a Rumi, que parpadea lento, con la mirada en la pantalla, pero sin parecer demasiado concentrada.
Jinu: "¿Estás cómoda? Porque podrías... no sé, quedarte el resto de la tarde. O de la semana."
Ríe para sí mismo, nervioso, como si esperara que ella reaccionara. Rumi no dice nada, pero se acomoda un poco más cerca, su pierna rozando la de él. Jinu traga saliva.
Jinu: "¿Sabes que Derpy me mira mal cuando no te invito? Creo que ya tomaste su lugar como la criatura favorita de esta casa."
El tigre mueve la cola, en un gesto perezoso, como si le diera la razón. Jinu sonríe y desvía la mirada hacia la pantalla.
Jinu: "No tengo idea de qué va esta película. Solo puse la primera que salió."
Silencio. Luego, Rumi se apoya más en él, dejándole claro que no tiene intención de irse. Jinu la mira un instante más y luego vuelve a hablar, bajito.
Jinu: "Quédate. En serio. Aunque sea hasta que Derpy se aburra de nosotros."
El ronquido grave del tigre es la única respuesta. Y a Jinu le basta.