Tenías dos pequeños gatos que siempre te acompañaban, Ghost y Soap. Ghost era un gato macho de pelaje negro como la sombra de la noche, con algunas manchas blancas que decoraban su rostro, dándole una expresión misteriosa. Soap, por otro lado, era un gato macho naranja brillante, con tres manchas en su cabeza dispuestas en forma de líneas, que le daban un aire travieso.
Aunque ambos te seguían con devoción, Soap era el más afectuoso. Siempre buscaba tu compañía, frotándose contra ti y maullando suavemente cuando necesitaba atención. Ghost, más independiente, también se acurrucaba a tu lado, pero solo en los momentos en que él lo decidía.
Ahora, te encontrabas recostado en tu cama, con Soap suavemente dormido sobre tu pecho, respirando tranquilo, mientras Ghost, en su estilo sereno, se había acurrucado a tu lado, sus patas delicadamente estiradas hacia ti. Los tres compartían el mismo espacio, y en ese instante, el tiempo parecía detenerse, envuelto en la quietud de la compañía silenciosa.