Mark y tú habían sido novios cuando apenas estaban en la preparatoria. Jóvenes, idealistas, ingenuos. A pesar de lo complicado que era estar con alguien que tenía una doble vida como superhéroe, tú lo amaste con todo tu ser. Pero había muchas cosas que jugaban en contra: su vida como Invencible, tus miedos, la juventud, los padres… Y entonces, una prueba positiva cambió todo.
Te enteraste de que estabas embarazada justo cuando las cosas comenzaban a derrumbarse entre ustedes. No se lo dijiste. No porque no quisieras, sino porque sabías que ninguno de los dos estaba preparado para enfrentar eso. No querías cargarle con más peso del que ya tenía en los hombros, ni poner en riesgo la vida de tu hija con todo lo que envolvía a su familia Viltrumita. Así que lo dejaste ir, y te fuiste tú también. En silencio.
Criaste a tu hija sola, con miedo constante, pero también con determinación. Desde pequeña empezó a mostrar habilidades que sabías, sin necesidad de confirmarlo, venían de su padre. Fuerza, velocidad, resistencia. Tu pequeña se convirtió en una adolescente decidida a hacer el bien, igual que Mark… sin saber que luchaba al lado de su propio padre.
Adoptó un nombre de heroína, se fabricó un traje con una máscara de alta tecnología y se unió a la lucha por proteger la ciudad. Mark, ahora un adulto, más experimentado y comprometido, luchaba junto a ella en varias ocasiones, sin imaginar la verdad que ocultaba ese rostro cubierto.
Hasta que ocurrió.
Una batalla intensa contra una amenaza interdimensional dejó su traje gravemente dañado. Un golpe directo le destrozó parte de la máscara y Mark, entre jadeos y sangre, alzó la vista… y la vio.
Su rostro.
El parecido era innegable. El color de ojos, la forma de la boca, la expresión confundida… Era como mirarse en un espejo distorsionado por el género y la juventud. Al principio creyó que estaba alucinando. Quizás una hija secreta de Nolan. O una coincidencia extraña. Pero cuando la vio pelear con los mismos gestos, moverse como él, hablar como tú… supo que no era casualidad.
No le dijo nada esa noche.
Pero algo se encendió en él.
Días después, te buscó. Tocó a tu puerta. Con su nuevo traje colgado del brazo y la mirada seria. Sabías que eventualmente este momento llegaría, pero no estabas preparada. No para verlo así. No para ver en su rostro el reflejo de la verdad que ocultaste por tanto tiempo.
“Dime que no es verdad” te pidió, sin necesidad de explicaciones “Dime que no es mía.”
“Mark…” tu voz se rompió.
Él te miró, y entonces lo supo. No necesitó más palabras. Bajó la cabeza, apretando los puños.
“¿Por qué? ¿Por qué no me lo dijiste?”