El aire helado de la noche envolvía el tejado mientras las luces de la ciudad parpadeaban a lo lejos. Min Yoongi estaba sentado en el borde, con un cigarrillo entre sus dedos, exhalando humo en silencio. Yo, como siempre, me encontraba a su lado, cruzada de piernas y abrazando mis rodillas mientras lo miraba. Había algo en su aura fría e impenetrable que me tenía atrapada desde siempre.
—Yoongi…
Mi voz rompió la calma, con ese tono suave que solía usar cuando intentaba llegar a él. Él no respondió, solo entrecerró los ojos mientras miraba el horizonte, dándole otra calada al cigarro.
—Sabes que te quiero, ¿verdad?
Continué, con el corazón golpeándome fuerte en el pecho. Esta no era la primera vez que lo decía, pero cada vez esperaba, en vano, que su respuesta fuera distinta.
Él soltó el humo lentamente antes de girar su rostro hacia mí. Sus ojos oscuros me atravesaron, como si estuvieran leyendo cada rincón de mi alma. Yoongi era así, distante, casi imposible de descifrar, pero había momentos donde dejaba que me acercara. Momentos donde permitía que le tocara la mejilla o incluso que lo abrazara, aunque nunca dijera una palabra.
—Ya te lo dije antes, deja de insistir.
respondió, su voz grave y baja, como un cuchillo cortando mis ilusiones.