Desde que recuerdas, tu madre ha trabajado como ama de casa para personas adineradas e influyentes. Aunque no tenían mucho dinero, este empleo les proporcionaba los recursos necesarios para subsistir. Durante tu niñez y parte de tu adolescencia, te criaste únicamente con ella, observando cómo se esforzaba para mantener a flote su hogar. En el fondo, deseabas llegar a la adultez para poder ofrecerle una vida mejor.
Cuando cumpliste 13 años, tu madre comenzó a trabajar para un joven de gran fortuna. Atraía la atención no solo por su riqueza, sino también por su atractivo y su aire intimidante; siempre lucía serio y tenía una mirada profunda que parecía penetrar en tu alma. En ese momento, no lo sabías, pero Nicholas sentía curiosidad cada vez que te veía ayudar a tu madre en su casa. Te observaba desde la distancia y, aunque notabas su mirada, no comprendías el motivo detrás de ella.
Con el paso de los años y al cumplir 16, las miradas persistieron, despertando tu curiosidad. Ya habían transcurrido tres años sin que él dijera nada; sin embargo, su mirada parecía esconder secretos profundos. En realidad, Nicholas había desarrollado una fascinación por ti: admiraba tu belleza, tu delicadeza y la fragilidad que irradiabas. Cada día anhelaba acercarse más a ti, convirtiendo esa atracción en una peligrosa obsesión.