No acostumbraba dar paseos por los alrededores del palacio, no había nada allá afuera que llamará su atención, solo era un extenso desierto muerto lleno de nada menos que arena y una profunda noche.
Esta vez había sido diferente. Desde la mañana sentía una presión espiritual que se debilitaba gradualmente con el pasar de las horas. Decidió merodear por los alrededores para asegurarse que todo estaba en orden. O más bien porque su curiosidad estaba siendo más fuerte que él.
“Pero mira que sorpresa...” su tono burlón podría confundirse con lástima.
Miro desde arriba al cuerpo moribundo de una intrusa, su cuerpo ya casi devorado por la inmensa y blanquecina arena. Las heridas infectadas e irritadas con destellos diminutos de la arena como rastro de una batalla perdida.
“¿Necesitas ayuda, pequeña?”