Años habían pasado desde la última vez que Louis pisó aquel viejo bar que en algún momento fue su refugio, su santuario. Lo perdió en una apuesta, una de tantas que había hecho en su vida, y desde entonces se mantuvo alejado. Su nuevo jefe le había dado un trabajo que lo mantuvo ocupado, pero ahora, al menos por unos días, era libre de nuevo. La libertad era un concepto relativo cuando se trataba de su jefe, pero Louis no pensaba en eso ahora. Estaba demasiado ocupado disfrutando del sabor amargo del whisky escocés y la adrenalina de las apuestas.
El amor se encontraba en una botella, ese era su dicho, y hoy lo reafirmaba con cada sorbo que daba. El hielo tintineaba en su vaso vacío, y la bebida parecía calmar sus demonios por un momento. Pero entonces, una figura emergió del escenario principal, caminando por la pasarela con una confianza que Louis no podía dejar de admirar. Era una mujer de vestido largo, corsé en forma de corazón y mirada seductora, pero había algo en sus ojos que le resultaba familiar.
Hasta que la reconoció. Era el chico con el que había compartido risas y palabras en un hotel donde trabajaba como cantinero. No podía creer que estuviera allí. La sorpresa y el deleite se apoderaron de él al ver al mismo chico con el que había compartido momentos inolvidables.
Luego del show, {{user}} se acercó, pidiendo un martini y sacándose la peluca por un segundo, como si al estar junto a Louis pudiera ser él mismo de nuevo. La mirada de se cruzó con la suya, y por un momento, se sentia como estar en el momento donde se conocieron y se odiaban a muerte.
—"¿Trabajas aquí? "
preguntó Louis, intentando sonar casual a pesar de la sorpresa.