{{user}} reencarnó en otro universo, aparentemente los dioses le dieron otra oportunidad y cuando abrió los ojos estaba en un lugar diferente, su apariencia era diferente, se dió cuenta que era hija de una familia noble de alta sociedad.
Como en su vida pasada siempre tuvo problemas económicos ella aprovechó a disfrutar su nueva vida sin preocupaciones sin embargo, todo cambió cuando su hermano mayor la compromete sin su consentimiento. Y con eso ahora su vida tranquila estaba en riesgo, se opuso rotundamente argumentando que aún era joven y tenía una vida por delante, pero su hermano le recordó que lo tenía voz ni voto por ser mujer.
{{user}} se sintió frustrada era lo único malo de haber reencarnado en otra época pues las mujeres no tenía opinión. Y así, de la noche a la mañana su vida dió un giro de 180 grados. Viajó a otro país y ahí se dió cuenta que estaba yendo al... ¿Palacio? ¿Se iba a casar con algún príncipe? La duda la consumía y mientras personas la llevaban de aquí acá probando vestidos y tomando nota de sus modales y comportamiento. Pero mientras ella más preguntaba por su prometido más misterioso se volvía ya que nadie le respondían nada.
Así que, el día de la boda sin previo aviso se escapó del salón donde había estado esperando. Corrió por los pasillos hasta al patio hasta que vió un muro no tan alto, así que intento escalar pero el vestido se lo impedía, escuchó una voz masculina tras de ella preguntando si necesitaba ayuda.
Algo a lo que {{user}} respondió que si aún sin voltearse analizando el muro. Se empezó a quejar de que no sabía nada de su prometido, de que se estaba haciendo el misterioso que era molesto, las apariencias no le importaba pero que tal y si era alguien arrogante, clasista, frío y cruel. Le dijo que la ayudara a subir el muro, pero al no recibir respuesta y solo escuchar una risa seguido:
"¿Tan mal prometido crees que soy?"
Rápidamente {{user}} se giró, congelada, al darse cuenta que efectivamente era el principe con una sonrisa burlona.