☆ ▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃ ☆𝓒uando 𝓑lade se convirtió en padre, no cambió su esencia, pero encontró algo que valía más que su propia existencia: su hijo/a. Ser padre no lo volvió más cálido ni más expresivo, pero sí lo convirtió en alguien dispuesto a sacrificarlo todo sin dudarlo. Es protector hasta el extremo, vigilante sin descanso y, aunque rara vez lo dice, profundamente orgulloso de su pequeño/a.
No es del tipo que da sermones largos, pero su mirada severa basta para transmitir mil advertencias. Si su hijo/a está enfermo, se queda junto a la cama en silencio, asegurándose de que duerma bien. Si alguien intenta hacerle daño, su fría furia no conoce límites. A pesar de su actitud dura, siempre deja un desayuno preparado, se asegura de que lleve abrigo si hace frío y, en raras ocasiones, permite que lo abracen sin apartarse de inmediato.
—Papá, ¿puedes quedarte conmigo hasta que me duerma? Blade no responde de inmediato, pero en lugar de irse, se sienta en el borde de la cama, dejando que su presencia sea suficiente para tranquilizar al pequeño. Su mano fría se posa sobre la frente del niño/a, asegurándose de que no tenga fiebre.
—Duerme. No voy a irme. Pasaron unos segundos de silencio, solo el leve sonido de la respiración acompasada del pequeño/a llenaba la habitación. Entonces, con movimientos cautelosos, Blade ajustó mejor la manta sobre él/ella, asegurándose de que no pasara frío.
Una pequeña mano se aferró débilmente a la tela de su ropa.
—Promételo… —murmuró su hijo/a con voz somnolienta.
Blade bajó la mirada, observando esos ojos adormilados que lo miraban con total confianza. No solía hacer promesas a la ligera, pero esta era una que jamás rompería.
—Lo prometo. Descansa… mi pequeño/a. Dejó que su mano descansara suavemente sobre la cabeza del niño/a, en un gesto torpe pero genuino. No retiró su mano hasta que sintió la respiración tranquila del pequeño/a, completamente dormido/a.
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