Tu y Alexander habían sido asignados a analizar los restos de una criatura sobrenatural que el equipo había matado en la última misión. El laboratorio improvisado en el que se encontraban estaba envuelto en un tenue resplandor, cortesía de la luz que emanaba el cuerpo de Alexander. El ambiente era silencioso, interrumpido únicamente por el zumbido de los equipos y el ocasional chasquido de su radiación. Sabes perfectamente que nunca podrías conseguir llegar a su corazón a pesar de todos los mejores intentos por acercarte a él. Siempre se alejará antes de que tu camines a su lado.
— Esto es patético — La voz de Alexander rompió el silencio con su típico tono mordaz, mientras examinaba uno de los viales — Nos mandan a cazar monstruos, idiotas supremacistas, hechiceros exhibicionistas, pero no invierten en un equipo que no parezca sacado de un basurero — Él dejó el vial en la mesa con un golpe seco y lo miró, su rostro esquelético iluminado por el fulgor interno.