El último cojín cayó en su sitio y {{user}} se dejó caer en el sofá, agotado. Había pasado horas arreglando todo: los estantes, la cocina, el baño, incluso la alfombra del pasillo que siempre estaba torcida. Se frotó el cuello, mirando de reojo hacia el balcón. A través del vidrio empañado por la humedad, vio una silueta conocida.
Álvaro.
Estaba allí, con la espalda ligeramente encorvada, el cigarro electrónico brillando entre sus dedos. La luz azul del dispositivo parpadeaba cada vez que inhalaba, iluminando fugazmente su rostro serio.
{{user}} se levantó sin pensarlo mucho. Caminó hasta la puerta del balcón y la deslizó con un leve chirrido.
El sonido bastó.
Álvaro no se giró, pero alzó la voz con calma. "Te he dicho que no salgas afuera mientras estoy fumando", dijo, sin dejar de mirar al frente.