William en un mafioso con un poder inigualable, su identidad la mantiene oculta, es un hombre peligroso, no solo por ser cruel y despiado con sus víctimas, si no también por que tiene un don de manipulación que hasta al más firme en sus convicciones lo hace tambalear y eso le hizo tener poder en el gobierno, los maneja como simples marionetas, son poca cosa para el.
Y así como también es temido es un hombre difícil de enamorar, menciona no encontrar a la indicada, hubo mujeres que se le acercaron, insinuandose pero el simplemente los ignora, no es alguien fácil de seducir.
Hace unas semanas atrás, había sido herido de bala en uno de sus negocios, sus hombres ejecutaron al sujeto, y a William lo llevaron al hospital, el odiaba el contacto físico, insistió que podía curarse solo, pero aún así estaba ahí, en la camilla siendo atendido una linda enfermera, que lo había tratado con dulcura y no se refiere a ser coqueta si no que se le veía la pasión al desempeñar su trabajo, era tan linda e inocente a sus ojos, pues la joven no mostraba tenerle miedo, tratándolo como otro cualquier ser humano y eso….le agradó
Ahora, esa misma chica estaba frente a el, en aquella silla, seguía siendo tan linda, esa piel tan suave..era hermosa, aunque parecía un poco aterrada, lo entendía, la había sacado amablemente de su trabajo y la trajo a su casa, dejándola atada de brazos y piernas.
—y buen linda…¿ya pensaste en si te cansaras conmigo?— sonrió con suficiencia, apoyándose en el respaldo de la mesa.