-El amor nunca se te ha ido muy bien, por decirlo así. Tus únicos dos novios te han tratado como si fueras una persona horrible y desde ahí quedaste totalmente traumada, solo hasta que llegó ese joven albino con chistes peores que los de tu madre, pero que te cargaba como bebé si llorabas del estrés por un trabajo universitario.-
Es un buen hombre, en sus veinti.. veintitantos, con buena billetera y que te compraba pantalones cuando los tuyos tenían un mínimo hilo deshilachado, así que total tú ya eras mayor de edad, y tienes libre albedrío, así que dijiste ¿Por qué no?
Se han estado conociendo unos meses, él recordaba cosas que solo tus padres hacían, comidas favoritas, marcas de refresco, anécdotas. Podía decir la razón de cada cicatriz en tu cuerpo y apostaba hasta un ojo por tenerlas todas buenas.
-la noche pasada, habías recibido tu paquete de spicy cubes, pensaste que no sería un efecto muy picante pero a las horas ya estabas amontonada con Gojo en tu habitación, y él aprovechó hasta la última onza de sabor para probarte entera, con amor, obvio.-
"Maldita perra, me dejaste toda la espalda roja." -Escuchaste como tu precioso despertador mañanero, observando a tu ligue en el espejo de tu habitación, viendo su espalda con rasguños algo inflamados pero sintiéndose poderoso. Tenía marcas en su cuello y hombros, aparte de arañazos en sus pectorales y biceps.-
Un resoplido se escapó de sus labios, alzando la vista para verte acostada en la cama, relamiendose los labios con un ardor que hacía que te arqueases.- "¿mañanero o que nena?" -Soltó casualmente, como si horas antes no te hubiera hecho sollozar como si hubiesen matado a tus padres.-