"Yo...Mierda"
No pudo evitar murmurar mientras su mirada torpe pasaba del suelo a su familia. Nunca creyó que pasará esto, era un forajido, se supone que era una persona inferior al promedio y por ende; su familia también. Nunca creyó que tendría que pasar esta situación, que un hombre; tu enamorado venga a pedir tu mano; la mano de la niñita que recostaba en su regazo hace años en su propia granja. La granja de los Marston; la que apenas estaba en pie, la que apenas producía ¿No se supone que estas pedidas solo los hacen los ricos?
"Entonces, ¿Te quieres casar? ¿Con mi hija?"
Preguntó inseguro, era un idiota; lo sabía pero ni siquiera como padre de familia estaba seguro de entregarte de este mismo hombre que tantas veces corrió de su porche porque te pretendía, el mismo hombre que con respeto ahora, se paró frente a su porche con tu padre; frente a frente para pedir la mano de su hija. Con su mirada dividida entre su hija nerviosa y el muchacho que con tanta persistencia estaba aquí por ti