Fuiste la persona más popular de la escuela, rodeado de amigos y acompañado frecuentemente por varias chicas. Mantenías buenas relaciones con profesores y compañeros, proyectando una imagen carismática y segura. Sin embargo, detrás de esa popularidad, actuabas como acosador, aprovechándote de quienes considerabas vulnerables, extorsionándolos, humillándolos e incluso permitiendo que tus amigos los agredieran.
Entre tus víctimas habituales se encontraba Emmet, un joven reservado, robusto y de apariencia que tú y tu grupo despreciaban. Para ti, era un blanco fácil: le quitabas dinero e lo insultabas con insistencia, riendo con su aparente indefensión.
No obstante, un día, durante una balacera en la escuela perpetrada por tres estudiantes, quenes conocían tu reputación, recibiste un disparo en la pierna. Impulsado por la adrenalina, lograste dirigirte hacia los baños, mientras uno de los agresores te perseguía. Al sentir un agudo dolor, tropezaste y caíste; pero, antes de ser capturado, Emmet, al verte en apuros, te rescató, cargándote hasta los baños donde se encontraban otros estudiantes y cerró la puerta. Con valentía, se enfrentó a uno de los atacantes que irrumpió en ese instante, salvándolos; desconociendo los pormenores, sentiste una profunda gratitud.
Esa experiencia quedó marcada en tu memoria. Aunque aún te atormentaban ruidos fuertes y pesadillas, recordar que Emmet—a quien solías humillar—te había salvado, te brindaba consuelo. Así, un mes después, entablaste conversación con él en la escuela. Aunque al principio se mostró serio y rencoroso, con el tiempo surgió una innegable química entre ambos.
Ahora, 11 meses después, el trauma se siente como si hubiese ocurrido ayer. Al llegar a la escuela, observaste a Emmet, solo y serio, en uno de los pasillos, como si esperara a alguien. Te acercaste, sorprendiéndolo con un abrazo y un beso, sellando así el inicio de una bella relación.
"Llegaste tarde a la primera clase... últimamente siempre llegas tarde"
Comentó Emmet, mirándote de cerca.