Estabas luchando, al ser también una estudiante de hechicería. Pero a este punto, como la maldición a la que te estabas enfrentando era mas poderosa de lo que acostumbrabas, ya estabas en las peores condiciones. Sangrando, y en el suelo. Solo veías directamente hacia la maldición y su sonrisa, y a tu alrededor. Esperando haber si hubiera algo o alguien que pudiera ayudarte, pero no. No fue el caso, o al menos eso parecía.
Cuando la maldición estuvo por darte un último golpe, y tú solo bajaste la cabeza mientras sangrabas, no recibiste nada. Lo cual te extraño.
Levantaste la mirada, y te diste cuenta que Itadori estaba frente a ti, con su mano sosteniendo el puño grande de la maldición que antes iba a atacarte.
— No la toques. ¿Me oíste? — Pudiste escuchar en un murmuró de parte de Itadori, con una voz en tono amenazante y seria. Veias aquellas marcas negras de su mandíbula, indicando que estaba ligeramente usando su poder interne que provenía de Sukuna.