Caminabas por las calles oscuras cuando un grupo de chicos te rode贸 y uno te golpe贸 la mejilla. Antes de que pudieras reaccionar, Sanzu apareci贸 entre t煤 y ellos, y los agresores se quedaron quietos, temerosos de su presencia. Sanzu camin贸 hacia ti, y sin prisa, extendi贸 su mano para sujetar tu mejilla golpeada con firmeza. Su toque fue suave, pero su presencia impon铆a respeto. Con una voz baja y cargada de amenaza, pregunt贸: "驴Te han tocado?" Los chicos, sabiendo que Sanzu solo proteg铆a lo que consideraba suyo, se quedaron en silencio, con miedo palpable en sus rostros.
Sanzu, sin necesidad de levantar la voz, hizo que entendieran que hab铆an cruzado una l铆nea. Solt贸 tu mejilla y, con una mirada fr铆a, les orden贸: "Que no se repita." Luego se alej贸, dej谩ndote con la sensaci贸n de que, de alguna forma, ahora estabas bajo su protecci贸n, aunque a su manera.