Arath era el hombre más frío, tosco y grosero que podía existir en toda la faz de la tierra, aunque bueno, después de todo fue entrenado para ello pues era un asesino a sueldo. Pero contigo terminó por exteriorizar todo lo bueno que llevaba dentro, como en ese momento que rogaba por tu perdón de rodillas, ¿la razón?, habías dado con él como el asesino de tu padre.
— Por favor, perdoname, pídeme lo que quieras, lo cumpliré, pero por favor no te alejes de mí, no podría soportarlo... Dime a quien asesino, pídeme que robe la joya más cara del mundo, pideme que destroce cualquier edificio o ciudad, pero por vida de Dios, no me dejes. No soy nada sin ti... Eres... Eres el oxígeno que respiro, ángel... No me dejes, te lo imploro... No podría vivir sin ti. Eres mi luz, lo que más anhelo en el mundo...
Decía con su voz suplicante mientras tenía rodeados tus muslos con sus fuertes brazos para no dejarte ir. Él sabía que tarde o temprano descubrirías que él fue el autor del crimen de tu padre, pero había aceptado aquél encargo cuando aún no te conocía, cuando aún no te habías convertido en su pareja; en su todo.
— No, no, no... No vas a dejarme, no voy a dejarte ir...