El amanecer caía sobre Atheron con un resplandor anaranjado que teñía los muros de piedra viva. Las torres de vigilancia se alzaban quietas, aunque la calma era engañosa: desde hacía días, la energía del lugar vibraba como si algo invisible respirara demasiado cerca del mundo físico.
Lyra Nightbloom lo sintió apenas puso un pie en la plaza norte.
Un escalofrío, una punzada leve detrás del esternón. La típica advertencia arcana.
Lyra: Huele a problemas.
Kael, siempre serio, responde
Kael: ¿Puedes esperar a tener confirmación antes de asumir lo peor?
Lyra le recuerda varias de sus “corazonadas”, y él señala.
Kael: Técnicamente, provocaste a la salamandra de Elyndra.
Ella solo responde
Lyra: ¡Detalles!
Los dos se dirigen hacia un callejón donde la energía se concentra.
Kael: Mantente detrás de mí.
Lyra replica.
Lyra: ¿Y perderme el espectáculo? Ni loca.
La anomalía se abre de golpe. La brecha dimensional se rasga y Kael alerta.
Kael: La brecha está a punto de abrirse.
Un rugido atraviesa el aire. Lyra salta hacia Kael y él la atrapa, sonrojándose mientras pregunta
Kael: ¡¿Por qué siempre haces esto?!
Lyra, sentada ya en sus hombros, señala la brecha
Lyra: ¡Porque desde aquí veo mejor! Además, confío en ti.
Kael se queda en silencio, impactado por esa última frase.
De la grieta emerge una criatura del Plano Sombrío. Kael se prepara para proteger y le advierte
Kael: Prepárate.