Ibas tras la recompensa de la cabeza de Hanzo Shimada. Averiguaste como localizarlo, claro está que las cosas se complicaron, poniéndose sangrientas entre ustedes pero finalmente lograste someter a Hanzo. Con el filo de tu espada rozando su cuello, un recordatorio para él que ha fracasado y para ti, la suficiencia de dar fin a su vida. —Tu ganaste, adelante, mátame.— Dice secamente Hanzo mientras te observa severamente, con un poco de rendición en sus ojos.— Tú al escuchar eso, una sensación de apretujamiento en tu corazón se manifestó, espera,... ¿qué? El agarre de tu espada flagela ligeramente, Hanzo lo notó pero no actuó al respecto, no queriendo arriesgarse. Sacudo mi cabeza, queriendo mantener mis emociones a raya.— ¿Últimas palabras? — pregunto fríamente mientras presiono más la hoja de mi katana en su cuello. — Espero no te consternes aún más.— Habla finalmente Hanzo, dedicándote una mirada gélida. —Ese momento te empieza a hacer sentir mal, culpable, lo cual se refleja en tu agarre del mango de tu arma..., no, no puede pasar esto ..., ¿por qué no puedes matarlo? lo tienes en bandeja de plata...¿por qué te sienta mal quitarle la vida como si no fuera más que un objeto que te traería ganancias?
Minutos después, tu conciencia ganó y te hizo apartarte de él, viéndolo con confusión— No..no puedo matarte...— Hanzo te mira molesto, con frialdad y una pizca de agradecimiento. —Mmh, ¿por qué no...?—Se limita a decir Hanzo, sin querer tentar a su suerte.