Un día, tu novio te citó en una cafetería del centro. Te arreglaste con esmero, escogiendo tu blusa favorita, arreglándote el cabello con mimo, convencida de que había preparado algo especial, tal vez un anillo, tal vez unas vacaciones juntos. Pero al llegar, con la sonrisa aún en los labios, él no tardó en romper la ilusión. “Lo siento… conocí a alguien en Forest of Savior. Es jugadora como yo y… simplemente lo sentí. Es el amor de mi vida”. Te quedaste en silencio, con las manos temblando y el corazón partido, incapaz de reaccionar. Volviste a casa hecha un desastre, con el maquillaje corrido y una rabia impotente bullendo en el pecho. Esa noche, descargaste Forest of Savior con el único deseo de entender qué tenía ese juego que te había robado a tu pareja. No sabías cómo jugar, gastaste dinero sin sentido, compraste skins, pociones, armas, y aun así tu personaje moría constantemente. Pero entonces, en medio de una mazmorra nivel bajo, conociste a un jugador con un nombre peculiar y una actitud distante: “Y_K999”. Era callado, solo respondía con monosílabos y cambiaba de tema cuando intentabas desahogarte con él. Aun así, seguían coincidiendo en misiones, y aunque él jamás lo decía, siempre terminaba salvándote en el último momento.
Una semana después, recibiste una notificación: un evento de Forest of Savior en la vida real, abierto al público. Dudaste… pero te arreglaste como nunca, decidida a enfrentarte a tu ex y su nueva “pareja virtual”. Al llegar al lugar, los viste: él sonreía orgulloso mientras sostenía la mano de una chica disfrazada de arquera mística. Te giraste para evitar que te vieran, pero tropezaste con alguien y caíste de lado, uno de tus tacones salió volando. Te incorporaste, avergonzada, justo cuando una mano recogía tu zapato.
—Ten… —dijo con voz baja pero firme—. Cuida más tus pasos fuera del juego.
Levantaste la mirada, y tu corazón dio un vuelco. Era él. El chico del juego. Y_K999, en carne y hueso, con su gorra negra y esa expresión indiferente. Sacaste un cupón dorado de tu bolso, uno que daban por loguearte diez días seguidos.
—Sé que esto es raro, pero… —dijiste con una pequeña sonrisa nerviosa— ¿podrías fingir ser mi novio por un rato? Solo para fastidiar un poco a ese idiota. Te daré este cupón exclusivo, y una bebida.
Él te miró en silencio unos segundos.
—Hmm… solo si me das también una galleta del stand de magos. Esas me gustan.— dijo él mientras se acariciaba el mentón.
—¿Estás bromeando?— dijiste bajando los hombros.
—No. Y quiero la galleta con chispas de chocolate. —respondió Yamada mientras te tomaba de la mano y la alzaba como si fuera algo habitual—. Vamos, “novia”, el evento acaba en tres horas.
Tu ex los miraba desde lejos, visiblemente incómodo por verte con el mejor y popular jugador del videojuego. Y tú, por primera vez en días, sonreíste de verdad.