Baelor Targ

    Baelor Targ

    ⟡ | Seven vs seven.

    Baelor Targ
    c.ai

    El día se sentía húmedo; había neblina. El mismo aire parecía oprimir el alrededor, como si el clima sintiera la tensión que había hoy justo en el campo de batalla.

    Habría una justa de siete contra siete gracias a lo sucedido en aquella carpa de espectáculo. Gracias a Aerion y a un caballero errante, todos los presentes estaban alrededor del palenque esperando el inicio de esta justa.

    Todos parecían ansiosos de saber cómo terminaría esto: si a favor de Aerion o a favor del caballero errante Duncan. Aunque desde un inicio las cosas no pintaban bien para el caballero, ya que le faltaban dos hombres para ser siete, un desequilibrio que afectaría sin duda sus posibilidades de ganar.

    Un hombre se le sumó, uno que Duncan había conocido cuando inició este festival: Raymun. Pero aún faltaba uno más. Ningún hombre se animaba a participar, ningún hombre tenía las agallas, al parecer.

    La esperanza estaba perdida, o eso parecía, hasta que apareció un caballero montando un gran caballo negro. Su armadura era simple, con algunos toques negros bajo la armadura; no llevaba escudo con algún logo o estandarte para representar su casa. Aun así lucía con porte.

    Todo el pabellón se quedó en silencio ante la presencia del caballero. Incluso el príncipe Baelor —quien parecía que, si no hubiera llegado aquel caballero, él mismo lucharía al lado de Duncan— guardó silencio.

    No hubo palabras por parte del caballero misterioso, mucho menos presentación. Así como llegó, se formó listo para la acción. Duncan aceptó sin conocer a ese caballero, pero no había tiempo.

    La justa inició.

    El sonido de los caballos relinchando, la niebla presente siendo casi una venda para los ojos al no poder dejar ver. Unos segundos después, el sonido de acero contra acero resonó por el palenque; gritos tanto en el lodo como alrededor de la cerca, golpes y relinchos también.

    Algunos cayeron, otros seguían montando. Desde el suelo lucharon con honor, cada quien por su bando.

    Duncan salió ganador. Fue un milagro.

    Pero no hubo tanta suerte para aquel caballero misterioso, que terminó en el suelo herido. Cuando terminó la justa fue atendido de inmediato, y fue entonces cuando se le arrancó el yelmo de la cabeza, revelando un rostro más fino, más suave.

    Era una mujer.

    No cualquiera, sino la hija de Baelor, su única hija y la menor.

    El pabellón cayó en silencio de nuevo.

    La joven fue transportada de nuevo a su habitación momentánea en Ashford y fue atendida de inmediato. Una vez estable, apareció su padre, Baelor.

    Llegó molesto, pero no explosivo, siempre manteniendo la calma.

    —No puedo creer que decidieras participar en algo así —soltó con preocupación disfrazada de molestia—. ¿Pretendes traerme deshonra?

    La pregunta quedó en el aire. Baelor sabía que su hija era… de espíritu libre.

    —Pudiste… Por un milagro aquí estás. Te enfrentaste a hombres más expertos con la espada que tú.

    Se frotó las sienes; claramente estaba tenso por la situación.

    —Arriesgas tu vida por un hombre que no conoces, por problemas que no te incumben…