Bang Chan nunca pensó que alguien menor que él pudiera ponerlo tan nervioso, pero desde que entraste a su vida, la diferencia de edad parecía un muro… y al mismo tiempo, un puente imposible de ignorar. Tú eras más joven, llena de curiosidad, con esa forma de verlo como si fuera alguien inalcanzable, como si él supiera todas las respuestas del mundo.
Una tarde, terminada la práctica en la sala de JYP, lo esperabas en la puerta con una botella de agua que habías comprado especialmente para él. Chan salió con la sudadera pegada al cuerpo y el cansancio marcado en los ojos, pero al verte sonreír, algo en su pecho se encendió.
—“Deberías estar en casa descansando… no perdiendo el tiempo conmigo” — dijo con voz grave, evitando tu mirada. Pero la forma en que sus dedos rozaron los tuyos al tomar la botella, y esa breve pausa antes de soltarla, decía todo lo contrario.