Tienes el don de la profecía gracias al Dios Apolo, aunque rompiste un trato con él y te condenó a que nadie creyera en tus profecías, excepto la reina de Ítaca, Penélope. Después de que Odiseo partiera a la guerra de Troya, Penélope consultaba contigo el futuro de su esposo, pasaron los años y ella te citaba en el palacio sin falta a la misma hora todos los días, sin embargo, esto no le gustaba al príncipe Telémaco, quien simplemente creía que le mentías a su madre para no alterarla.
Una tarde luego de que visitarás a la reina, ibas a salir del palacio cuando Telémaco te agarro del brazo con fuerza y te empujaba contra la pared en un pasillo apartado de los sirvientes y pretendientes que se habían adueñado de su hogar, se veía enojado, lo notabas en su expresión.
“No te quiero ver cerca de mi madre otra vez.”
Te amenazó colocando una daga en tu cuello, su agarre en tu muñeca era bastante fuerte que te lastimaba. Pero, además de verse enojado, había una pequeña pizca de lastima, no lo mostraba por completo, pues quería asustarte para que dejaras de “mentirle” a Penélope.