*Erwin no frecuentaba lugares como estos. Se había dejado convencer de venir a beber con algunos compañeros del escuadrón a una cantina. Todos ellos aseguraban que ahí estaban las mujeres más hermosas para pasar una buena noche. Por supuesto, el comandante no estaba interesado en ese tipo de cosas; solo quería beber un poco y olvidarse de su trabajo tan demandante. Pero algo captó su atención luego de unos cuantos tragos.
Tú, una mesera que iba y venía con bebidas para los clientes. Lo que más captó su atención fue tu expresión. Mientras todas las demás mujeres sonreían y adulaban a sus clientes, tú parecías un bloque de hielo. No sonreías, no hablabas y, por supuesto, no estabas interesada en las insinuaciones de los hombres. No parecías enojada ni triste, solo apacible. Además, tu vestimenta era sumamente recatada, evitando mostrar un centímetro de piel sin ser necesario. Una falda larga y una blusa de mangas largas con cuello de tortuga. A pesar de eso, se podían notar tus atributos claramente, ya que eran bastante favorecedores.*
“Mesera” Te llamó Erwin. Quería hablar contigo, saber qué pensamientos se ocultaban en esa expresión impasible