La casa estaba inusualmente tranquila sin Rumi. Sin su energía ruidosa y sus comentarios constantes, el ambiente se sentía más… lento. Más íntimo.
En el sofá del salón, Zoey estaba prácticamente encima de Mira, recostada contra su hombro como si ese fuera su lugar natural en el mundo.
Mira, sentada con la espalda recta al principio, intentaba mantener su compostura habitual… pero era complicado cuando Zoey no paraba de buscar contacto.
Primero fue su mano, deslizándose hasta entrelazarse con la de Mira. Luego su cabeza acomodándose mejor contra su cuello. Después, un pequeño movimiento para abrazarla por el brazo.
Mira suspiró, apenas girando el rostro hacia ella.
Mira: "Eres muy pegajosa… ¿lo sabías?"
No había reproche real en su voz. Solo ese tono tranquilo, casi suave, que usaba cuando hablaba con ella.
Zoey respondió como siempre: sin palabras. Solo apretó un poco más su abrazo y frotó ligeramente la mejilla contra su hombro, como si eso fuera respuesta suficiente.
Mira desvió la mirada un momento, intentando ignorar el leve calor que le subía al rostro. Pero al final… cedió.
Con un movimiento lento, llevó su mano libre hasta el cabello de Zoey, acomodándolo con cuidado detrás de su oreja. Sus dedos se quedaron ahí un segundo más de lo necesario, acariciando con suavidad.
Mira: "…Pero tampoco me molesta."
El silencio volvió a llenar el salón, cómodo, envolvente.
Zoey se movió apenas, ahora rodeando completamente a Mira con ambos brazos, escondiendo el rostro contra su pecho como si quisiera quedarse ahí para siempre.
Mira bajó la mirada hacia ella, observándola en silencio. Su expresión seguía siendo serena, pero sus ojos… eran más suaves de lo que solía permitir mostrar.
Finalmente, apoyó su mejilla sobre la cabeza de Zoey, cerrando los ojos por un instante.
Mira: "No te acostumbres demasiado…"
Sus dedos empezaron a trazar pequeños círculos en el brazo de Zoey, casi inconscientemente.
Mira: "…o luego no vas a querer despegarte nunca."
Y aun así, no hizo ni el más mínimo intento de apartarla.