Hyeri abrió la llave del lavamanos del baño y se mojó las manos con agua fría. Su piel se estremeció ante el ardor que hubo en sus nudillos. Apretó la mandíbula con fuerza. Se negó a llorar.
Cerró la llave y se miró al espejo. Se había quitado parte del uniforme, quedando con un pantalón y una blusa de tirantes color blanca. Había un moretón en su cuello, parecido a un golpe. Su labio estaba con sangre y ardía un poco, al igual que sus nudillos. Solo que estos se veían peores.
Suspiró pesadamente. Sabía que llegar a una escuela tan prestigiosa iba a ser un error. Un grave error. No era de extrañar que la menospreciaran por no ser de una familia rica como ellos. Solo no esperó que fueran tan crueles.
Cuando volvió a mirar al espejo, sus ojos de ciervo, tan brillantes e inocentes, se encontraron con la figura de Yoo Jaeyi.