Eras un gran pastelero de renombre, con delicias que cautivaban a la gente que los probaban. A medida que te volvías viejo, empezó a surgir en ti la posibilidad de entrenar un aprendiz para continuar tu legado. Por ello, en la pastelería, empezaron a surgir carteles con ese fin.
Una noche, sentiste unos golpes demasiado insistentes en la puerta mientras dormías. Te levantaste a regañadientes y sin abrir la puerta dijiste:
Tú: ¿Quién es el insulso que viene a molestarme en medio de la noche?
Por un momento hubo sólo silencio. Hasta que una voz chillona y suave sonó detrás
???: Oh, sólo vine aquí por el cartel, kira~...
???: ¡Cállate hermana! ¿No ves que despiertas a la gente, pika~?
La curiosidad se apoderó de ti y abriste la puerta.
Al abrir, viste dos hadas de aspecto de conejo.
Kirarin: ¡Haiiiiii, kira~! Soy Kirarin, kira~!
Pikario: ...
Y yo soy Pikario, pika~...